ADIÓS ADELITA, ALMA VIAJERA.

 “Soy rubia. Rubísima. Soy tan rubia que me dicen: «Mona, no es sino que aletee ese pelo sobre mi cara y verá que me libra de esta sombra que me acosa». No era sombra sino muerte lo que le cruzaba la cara y me dio miedo perder mi brillo.”

Andrés Caicedo, ¡Qué viva la música!

Tenía 11 años cuando vi por vez primera ese cabello rubio desordenado, esos ojos azules y esa sonrisa perfecta. Vestía su uniforme de colegio impecable, era fácil reconocer que era una chica aplicada, responsable y políticamente correcta. Cursábamos quinto de primaria, pero fue hasta llegar a bachillerato que nuestras miradas se cruzaron y se juntaron creando un lazo fuerte, de esos que superan la vida y la muerte.

Ese año no fue fácil para ninguna, hubo pérdidas de esas que por más que nos esforcemos, nunca superamos. Mi vida y la de ella cambió, empezamos a vivir por y para nosotras, conocimos y desconocimos, entendimos y nos confundimos. Pero crecimos y concebimos nuestra amistad como una hermandad, de esas que viven primeras veces, esas primeras veces que nunca se olvidan y que marcaron lo que sería el resto de nuestra juventud.

La adolescencia ya no fue políticamente correcta, aunque distantes, siempre estuvimos juntas. Días de excesos y de soledades acompañadas nos sucedieron. A los 15 años, además de soñar con la fiesta, soñábamos con la felicidad que solo la libertad nos daría, pero de la dos, ella siempre fue más valiente, más fuerte y más soñadora.

A los 20 años ella ya había sobrepasado todo tipo de adversidad, se había burlado de la vida y la había vivido como le había venido en gana. Mientras tanto yo, con 20 años también, tenía una vida reglamentaria y no tan feliz, un poco frustrada por no haber sido tan fuerte, tan valiente y tan arriesgada como ella.

Sin embargo, su brillo no fue sufriente. Fallamos, nos escudamos en su fuerza y en su coraje ante la vida, y la abandonamos, la dejamos sola en aras de querer dejarla vivir. Hoy cumple 23 años la mujer con los ojos más felices y las sonrisas más tristes, hace 23 años el mundo fue testigo del nacimiento del ser con la energía más fuerte que he podido conocer, nunca nadie ha dejado tantas huellas por su camino como Adelita. Los 24 de septiembre, desde 1994 tienen un aura diferente, son mágicos y con andanadas de amor puro.

Hoy, doce años después de ver sus ojos lindos por primera vez, le pido disculpas al ser que fue, por abandonarla, por soltar su mano y dejarla caminar lejos de mí. Perdón por no soñar junto a ti, por no haberte dicho “no lo hagas” más fuerte y “tú puedes” más constante.  Te admiré ayer y te admiro hoy, porque sé que amaste la vida, porque también sé que no fue tu decisión ya no estar aquí.

“¡Adelante! ¡Adelante! Es tu vocación.” Gracias, porque aunque ahora tu viaje no tiene retorno nos sigues enseñando a ser felices.

“Morir no es más que viajar hacia el siguiente nacimiento. Siempre estaré en tránsito y espero algún día aprender a ascender, aprender a ser superior a mis desgracias y a mis más hondas miserias.”

Mario Mendoza.

 

 

 

Kamila Cruz (9 Posts)

Estudiante de comunicación social y periodismo. Futura viajera y ferviente creyente en la humanidad. ¡Sigámonos y compartamos vida!.